miércoles, 1 de mayo de 2013

Psicodelia



Increíblemente, el disco El Club de Los Corazones Rotos Del Sargento Pimienta, cumplió 40 años de haber salido al mercado. El leer esta noticia me recordó la época de la Psicodelia y la onda hippie (Seguramente pensaras que no pude involucrarme en el movimiento y estarás en lo cierto, ya que en el 67 apenas tenía cuatro años) y me llevo de vuelta a una tarde del 72 en la colonia Granjas Esmeralda. Esa tarde, mis amigos y yo deambulábamos por la calle en busca de diversión cuando uno de ellos (De aproximadamente 15 años) encontró a un amigo de sus hermanos mayores. Se saludaron y comenzaron una plática que poco a poco se fue dirigiendo hacia la música Rock. A mí por aquellos tiempos la música no me atrapaba aun con tanta fuerza y mucho menos cuando el idioma se interponía para evitarme comprender el mensaje de las letras, era necesario que el ritmo fuera completamente irresistible para atraparme, solo canciones como Negro Es Negro De Los Bravos, Molina de Creedence, conseguían llamar mi atención hacia la Música en Ingles. Así que cuando el nuevo amigo nos invito a seguir la plática en su casa escuchando discos, la idea me pareció muy mala y estuve a punto de negarme a ir, pero hacia muy poco tiempo que nos habíamos mudado a esa vecindad y escaseaba de amigos por lo que no quería disgustar a los que tenia llevándoles la contra y decidí acompañarlos.
Lo primero que recuerdo de esa experiencia es la casa de ese joven. Una casa muy humilde con piso de tierra y solo dos cuartos largos divididos por una cortina, al entrar en su casa y a falta de sillas nos sentamos en el suelo, al rededor de la vieja consola. El con un aire de solemnidad, procedió a sacar los discos de la disquera de la consola y los fue separando de los otros ritmos, para dejar a la mano solo los discos de rock. Yo no dejaba de mirar la casa de reojo intentando localizar un televisor (que por aquella época hubiera colmado mis mayores anhelos) sin conseguirlo, ya que no existía tal (Aunque difícil de creer en esa época un televisor en Blanco Y Negro era Un Lujo que pocas familias podían darse y uno de color, ni se diga, quienes tenían una TV acostumbraban a permitirte ver un programa por la módica cantidad de veinte centavos). Una vez que hubo clasificado los discos procedió a guardar los "Otros" que representaban a aquellas personas no "iniciadas" en "Los Misterios del Rock" y entonces iniciamos esa experiencia que me quedaría grabada en la mente hasta la fecha y que me llevo a adoptar el Rock casi como una Religión
durante la mayor parte de mi juventud.

El reproducir un disco de Vinil, traía consigo una serie de cuidados que hacían de esta acción casi un ritual. El disco estaba protegido por una funda plástica y una de cartón, esta última era en muchos casos una obra artística en la que podían encontrarse cualquier cantidad de mensajes subliminales, que te atrapaban tanto como la música. Una vez extraído el disco de sus fundas debía limpiarse a conciencia con un cojincito de terciopelo para evitar que alguna basurita dañara la aguja y al colocarlo en el tornamesa debías tener un pulso y un tino magníficos ya que tenias que insertarlo en un pequeño perno metálico y después colocar el brazo que sostenía la aguja justo al inicio de la canción que te interesaba escuchar.

Recuerdo claramente, como reacciono mi cerebro al bombardeo de sonidos estridentes con completo rechazo y sonidos que en el futuro harían mis delicias en ese momento me parecían un verdadero tormento. La sesión musical se fue alargando mientras escuchábamos rolas de Los Doors, Janis Joplin, Carlos Santana, Jimmy Hendrix y Creedence y al tiempo que escuchábamos las canciones éramos educados en el arte de observar las portadas de los discos para encontrar los mensajes que contenían (He de reconocer que esta actividad fue la primera en atraparme y evito que yo me fuera con los demás chamacos cuando decidieron huir) pero el momento cumbre de mi iniciación llego cuando, apagando la consola y a escondidas de sus padres y hermanos( para estas horas ya acostados en el cuarto que servía de dormitorio común)Nuestro nuevo guía, reprodujo algunos pasajes de canciones de los beatles en reversa, girando el disco manualmente y nosotros pegados al tornamesa para escuchar los casi imperceptibles sonidos nos fuimos maravillando cada vez más al escuchar sus explicaciones de los mensajes ocultos incluidos en las canciones. Francamente yo no entendía ni jota de inglés y los sonidos me eran muy confusos pero la sola idea de participar en tan grande misterio me atrapo irremediablemente y cuando llegue a la vecindad y encontré a mi madre hecha un manojo de nervios por mi ausencia y dispuesta a ponerme una chinga histórica. Sabía que podría soportarla estoicamente pues ya era un Rockero.

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